Llegada al final de mi trayectoria odontológica (¡algunos sacamuelas he recorrido!) y vuelta a caer en la frustración, el desánimo y el enojo o cabreo.
¿Por qué es que, invariablemente, mis expectativas no se cumplen?
Me da reparo mencionar el nombre de esta clínica, la última de las que he recorrido, la que se llevó al gato al agua, y con la que me las prometía más felices que con anteriores.
Aunque, no sé por qué ese miramiento, como no sea el temor a represalias por su parte.
Con la de consentimientos para una cosa y otra que me han hecho firmar, y la dentista que me ha atendido, ni siquiera ha llevado mascarilla una sola vez -y tiene una halitosis de tirar de espaldas al pobre que está a su merced-
Aparte, lo que es más indignante, me han hecho pagar por adelantado.
¿Por qué siempre, a la gente como yo nos toca fastidiarnos y endosar todo lo que quieran endilgarnos?
Por si fuera poco, me hace más daño que un zapato prieto, lo que me ha insertado, y tengo tan poca esperanza de que me lo adapte mejor -en otros dentistas hube de ir una y otra vez y nunca acertaban demasiado, por lo que temo que esta vez sea más de lo mismo-.
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